Módulo 1. - Metaprogramación Cognitiva

Módulo 1 - Dinámicas de liberación emocional.

1. Introducción a la Metaprogramación Cognitiva.

La siguiente información es complementaria y no es necesaria para la formación, pero puede resultar interesante para quienes quieran investigar sobre las cosas de las que hablo en el vídeo:

* La recapitulación es el proceso de “revivir lo vivido”, con el objetivo de poner orden y asimilar la información principal. Por ejemplo, en una reunión de trabajo se suele hacer una recapitulación al final de la misma con un resumen de las ideas principales. En mi caso, lo que hacía era repasar todo mi día justo antes de dormir (ya metido en la cama) y había que hacerlo del final hasta el principio. Es decir que empezaba repasando mentalmente lo último que había hecho y terminaba con el momento en el que me había despertado esa mañana.

* Artículo: Qué son los sueños lúcido y cómo podemos conseguirlos.

* Película recomendada: Origen de Christopher Nolan. (La puedes ver en Netflix)

* Carlos Castaneda. El libro en el que habla sobre estas prácticas que cuento es El Arte de Ensoñar (Innecesario para esta formación pero libro muy interesante sobre las prácticas de sueño lúcio, no apto para personas susceptibles ya que cruza límites que pueden generar paranoia).

* Alejandro Jodorowsky. El libro del que hablo en el vídeo es Psicomagia y Manual de Psicomagia.

* Robert Anton Wilson y Timothy Leary, Modelo de conciencia de ocho circuitos.

“Metaprogramación” es un término original de la informática que define la acción de crear o utilizar programas que nos permitan interactuar con otros programas.

En la informática hay ocasiones en las que la cantidad de acciones a realizar, supera la propia capacidad del ser humano para realizarlas. Para solucionar esto, se construye un programa que compila conjuntos de órdenes en bloque y nos permita seguir gestionando toda la información con unas pocas acciones. Es decir, con una sola acción en un programa se ejecutan decenas o centenares de acciones al mismo tiempo en muchos otros programas. Esto es metaprogramación.

Aplicado a la terapia, la metaprogramación es la creación de “programas mentales” que nos permitan interactuar con grandes conjuntos de programas mentales al mismo tiempo.

La cognición es la facultad de un ser vivo para procesar información. Desde esta perspectiva, lo que hacemos es enfocar el concepto de metaprogramación al modo en el que los seres humanos procesamos la información. Así, crearemos metaprogramas que nos permitirán interactuar con los conjuntos de programas mentales que se alojan en el inconsciente humano y que sirven para procesar la información sobre el mundo que le rodea.

La Metaprogramación Cognitiva (MC) es una técnica formada por un conjunto de dinámicas terapéuticas especializadas en la resolución de conflictos internos.

Mediante la visualización conseguimos que el inconsciente proyecte simbólicamente aquellos conflictos del pasado que no han quedado resueltos y, una vez identificados, realizamos dinámicas de liberación emocional para resolverlos definitivamente.

Proceso general:

  1. Visualización: Hacemos que la persona cierre los ojos y empiece a visualizar. Por ejemplo: Un prado, un mar, un malestar localizado en su propio cuerpo…
  2. Proyección: Facilitamos que el inconsciente proyecte los conflictos internos en la visualización.
  3. Resolución: Aplicamos los protocolos para facilitar que el conflicto se resuelva.

Para conseguir que este proceso sea cada vez más rápido y efectivo, el equipo de investigadores de la Asociación Internacional de Metaprogramación Cognitiva realizan investigaciones en 4 frentes:

  1. La construcción de las representaciones mentales.
  2. Errores de procesamiento de información derivados de experiencias conflictivas y recursos de la mente para la corrección de estos errores.
  3. La creación de dinámicas de interacción con las representaciones mentales.
  4. Los efectos de las interacciones con las representaciones mentales.

A partir de los experimentos realizados en dicha investigación, se han diseñado una serie de ejercicios que, a pesar de que todavía estamos realizando las investigaciones científicas correspondientes, son los que aportan una mayor efectividad en la resolución de los conflictos internos de las personas, y al mismo tiempo mantienen unos índices mayores de reproducibilidad. Estos ejercicios son la base de la Metaprogramación Cognitiva.

A lo largo de la formación nos adentraremos en cada una de las áreas de investigación para que comprendas en profundidad las bases de la técnica.

2. Conozcamos a nuestra mente.

 

Según nuestra perspectiva, la conciencia es la capacidad del observador de proyectar su atención según su intención.

El observador puede elegir proyectar su atención sobre:

  • El mundo exterior: Por ejemplo, el mar, una calle, un plato de comida, las personas de su alrededor…
  • El mundo interior: Por ejemplo, lo que hará estas vacaciones, lo que comió ayer, lo que le pasó de pequeño…

La conciencia elige dónde enfoca su atención, por ejemplo puedes elegir llevar tu atención sobre un plato de comida y la mente es la que se encarga de procesar todos los estímulos relacionados con ese plato, los compara con información que ya conoce y finalmente construye la imagen del plato para que la conciencia sepa cómo interactuar con él.

La mente es un concepto subjetivo que engloba una serie de mecanismos del sistema nervioso que tienen como objetivo mantener la supervivencia del organismo.

Para ello, la mente coordina la percepción de los estímulos externos, codifica los estímulos en información, interpreta dicha información a partir de modelos, y construye representaciones mentales que ayudan a la conciencia a tomar decisiones para desenvolverse en el medio que le rodea corriendo los mínimos riesgos posibles.

 

La conciencia dice lo que quiere y la mente capta la información, la procesa y la construye sobre un plano mental, que es la pantalla donde vemos las cosas en nuestra cabeza. En este mismo plano mental vemos el mundo que nos rodea y vemos las cosas que elegimos ver de nuestro mundo interior. Por ejemplo, nuestros recuerdos.

La mente utiliza este plano para proyectar todo aquello que la conciencia necesita saber para tomar decisiones. Justamente como todo se proyecta sobre un mismo plano, podemos estar mirando una pieza de ropa en el escaparate de una tienda y al mismo tiempo estar viéndonos con esa pieza de ropa puesta o lo que opinarían de ella nuestros amigos.

Se suele creer que el mundo que nos rodea es “real”, pero en realidad todo lo que podemos percibir es una construcción creada por nuestra mente, a partir de la interpretación de la información que captan nuestros sentidos de un mundo basado en ondas y partículas.

Nuestros ojos, nuestros oídos, incluso nuestro tacto… Perciben estímulos que codifican en forma de cargas eléctricas, las cuales se envían a nuestro cerebro para que construya la “imagen” del mundo que nosotros vemos, oímos y tocamos. Así podemos decir que el mundo tal y como lo conocemos no existe, el mundo que conocemos es una construcción mental creada para mejorar la interacción con el medio.

Del mismo modo, cuando cerramos los ojos y nos adentramos en nuestro mundo interno, nuestros ojos “ven” y nuestros oídos “oyen”, y todo lo que ven y todo lo que oyen sigue siendo una construcción mental proyectada en nuestro plano mental.

* Constructivismo.

* Koan: «Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?»

 

El concepto de representación, hace referencia a hacer presente de nuevo algo que no está literalmente. Desde la perspectiva de la MC, hablaremos de “representación mental” para referirnos al proceso que hace la mente de representar aquello que ha percibido en el mundo exterior, con el objetivo de que la conciencia comprenda aquello que le rodea y tome las decisiones correspondientes para sobrevivir.

Las representaciones mentales pueden sostenerse sobre elementos del mundo exterior. Por ejemplo, si miramos una mesa, lo que veremos será una representación muy parecida de la mesa a la que nos estamos enfocando. Pero las representaciones también pueden no sostenerse sobre el mundo exterior, tan solo inspirarse en elementos conocidos. Por ejemplo, si te describen una casa de diseño, en tu plano mental verás cómo se construye una imagen mental de esa casa, pero lo que estás haciendo es crear un prototipo a base del conocimiento previo que tienes sobre casas de diseño, a partir de la información que te están dando.

Cuando la mente construye en el plano mental una representación, la construye para que sea comprendida y no necesariamente para que sea un fiel reflejo del elemento del mundo exterior o de aquello que nos están contando. Por ejemplo, cuando vemos a alguien por primera vez y la mente interpreta que ciertos rasgos o conductas de esta persona se parecen a las de personas que nos generan desconfianza, alterará los rasgos para que la imagen mental que se proyecta sobre esta persona en nuestro plano mental nos genere rechazo y así tomemos la decisión de alejarnos de esa persona.

Lo mismo sucede con los recuerdos, si el recuerdo es alegre se construirá una representación llena de luz y color que nos generará atracción. Mientras que si el recuerdo nos produce miedo, su representación será oscura con el objetivo de evocar de nuevo el miedo y así reforzar que nos alejemos de ese tipo de situaciones.

A medida que vivimos experiencias nuevas, percibimos estímulos nuevos y procesamos información nueva… Las conexiones neuronales cambian. Con lo cual, nuestro cerebro y nuestra mente se modifican y también así el modo en el que comprendemos el mundo. Cuando cambia nuestra imagen del mundo, cambia el modo en el que lo interpretamos y también las decisiones que tomamos.

Si una persona quiere cambiar su vida, primero deberá cambiarla en su mente. Pero no imaginando una vida mejor, sino entendiendo mejor la vida que tiene.

El cerebro tiene la capacidad de transformarse, funcional y anatómicamente, a medida que encuentra nuevas maneras de experimentar el mundo. Este proceso se llama neuroplasticidad cerebral. Por ejemplo, si un músico realiza un entrenamiento musical especializado en el violín, no solamente las áreas de la corteza cerebral referentes al oído se desarrollarán más, sino que las áreas reflejas de los dedos de la mano izquierda, que son los que tienen un mayor uso en la práctica musical del violín, también se desarrollarán más. ¿Cómo se desarrollan más? En esa área de la corteza cerebral habrá un aumento de la materia gris, esto indicará una mayor conectividad neuronal en ese área y, en consecuencia, se facilitará una mayor sensibilidad, capacidad y especialización en esa acción o actividad específica.

El cerebro se habrá transformado, ya no será el mismo, y ahora estará más preparado (será más preciso) para la práctica del violín. Y cuanto mayor es la práctica, mayor es la neuroplasticidad cerebral.

Cuanto más realizamos una acción, más neuroplasticidad se genera. Pero no termina ahí, porque no es necesario realizar una acción concreta para obtener neuroplasticidad, sólo con imaginar que realizamos la acción ya se produce neuroplasticidad. No importa si imaginas que tocas el piano, que realizas una postura de yoga o que te enfrentas a esa persona a la que temes enfrentarte: Hagas lo que hagas, tan sólo por imaginar que lo haces, tu cerebro se especializará en ello y te capacitarás para hacerlo con mayor precisión y facilidad. (Para más información al respecto se pueden buscar los estudios sobre la neuroplasticidad de Álvaro Pascual-Leone o el libro “El cerebro se cambia a si mismo”, del psiquiatra e investigador Norman Doidge.)

 

Aquí debemos introducir el concepto de complejidad. Debemos tener en cuenta que cuando hablamos de complejidad no nos referimos a dificultad. Nos referimos a la cualidad de un sistema, en el cual cada una de sus partes, conectadas las unas con las otras, generan una información mayor que la que cada parte puede desarrollar por sí misma. De aquí viene la frase:

“El todo es mayor que la suma de sus partes.” 

Desde la perspectiva de la MC, lo que en realidad hace la neuroplasticidad es aumentar las conexiones de información (cognitivas), derivando en más conexiones neuronales, haciendo que todo el sistema sea más preciso, más potente y tenga más sensibilidad a los detalles. La persona está aumentando su capacidad de procesar información y en consecuencia aumenta su capacidad para relacionarse con el medio.

“El objetivo es que la persona adquiera tanta capacidad que aquello que antes suponía una dificultad, ahora deje de serlo.”

3. El objetivo del ser humano.

En los siguientes puntos vamos a explicar una teoría y un modelo que te ayudarán a comprender y darán sentido a las heridas emocionales. El objetivo es que las comprendas en profundidad y sepas desenvolverte en el abordaje de las mismas. Para ello, profundizaremos un poco más de lo normal (en este máster) en la parte biológica y cerebral. No hace falta que profundices al máximo, pero sí que entiendas lo que se explica en los vídeos.

Ante cualquier duda, recuerda que en cualquier momento puedes hacernos preguntas.

En la MC hemos desarrollado la “teoría del objetivo puro”, a través de la cual proponemos que el objetivo del procesamiento humano de la información es:

Comprender – Predecir – Controlar

Queremos comprender lo que sucede, para poder predecir lo que sucederá y así controlar nuestro futuro y sobrevivir. Por ejemplo, necesitamos comprender el modo en el que los árboles dan frutos, para poder predecir cuando los darán y controlar los cultivos para asegurar nuestra supervivencia. Otro ejemplo, sería comprender qué es lo que hace que nuestros padres se enfaden, para predecir cuando nuestras conductas les enfadarán y poder controlar esa situación.

El problema es que no siempre comprendemos lo que está sucediendo. Para comprender lo que está sucediendo necesitamos la siguiente información:

Suceso – Conducta – Resultado

Para poder comprender lo que sucede, necesitamos tener la siguiente información:

  • Suceso (¿Qué es lo que está pasando?).
  • Conducta que hemos realizado (Cómo respondemos frente a lo que está pasando).
  • Resultado que hemos obtenido (Una evaluación positiva o negativa de lo que ha provocado nuestra conducta).

El proceso es el siguiente:

  1. Para comprender el suceso, percibimos los estímulos del entorno y los procesamos, codificándolos en información que podemos comprender.
  2. Después ejecutamos una conducta, la cual tiene dos partes, una parte racional y una parte emocional. La parte racional genera una estrategia para afrontar el suceso y la parte emocional, activa unos mecanismos corporales regidos por estrategias de supervivencia incondicionadas (aprendidas a lo largo de cientos de generaciones) que nos ayudarán a llevar a cabo nuestro plan de respuesta.
  3. Finalmente observamos los resultados y evaluamos si nuestra conducta nos ha aportado los resultados esperados o por el contrario nos ha generado riesgos o daños.

Vamos a profundizar en el proceso anterior, pero desde una perspectiva fisiológica.

Frente a cualquier suceso, inicialmente percibimos los estímulos del entorno, los procesamos, los interpretamos, los evaluamos y generamos una estrategia de respuesta.

A continuación, hay que preparar al organismo para que se ponga en el “estado óptimo” para llevarla a cabo, para ello se activa la amígdala cerebral que calibra el nivel de estrés que supone el suceso, la amígdala estimula el hipotálamo para que éste segregue una serie de hormonas al organismo, las cuales producirán la activación de una serie de respuestas corporales, provocando así la expresión emocional.

La expresión emocional se rige por el sistema nervioso autónomo, el cual tiene dos vías, la vía simpática que produce una contracción general del organismo frente al estrés y nos prepara para la acción de atacar o huir y la vía parasimpática que es la que permite al organismo recuperar el equilibrio después del ataque o la huida.

Una vez que ambas vías han terminado, el hipotálamo recibe toda la información de la conducta realizada, le dice a la amígdala cerebral que ya se puede relajar y la amígdala le dice al hipocampo que ya puede registrar toda esta información en nuestra memoria para que aprendamos de esta experiencia.

Cuando se registra la información, la experiencia se asimila y podemos decir que entonces “comprendemos” lo que está sucediendo y a partir de aquí es cuando empezamos a elaborar el modo de predecir un suceso similar en un futuro y el modo de poder controlarlo.

Cuando vivimos una experiencia conflictiva, sucede lo mismo que en el proceso emocional visto en el apartado anterior. El único problema es que el estrés experimentado durante la experiencia impide que la emoción sea expresada, la acción no concluye y esto provoca que la emoción quede bloqueada dentro nuestro, impidiendo que el proceso se complete.

Por ejemplo, un hombre va por la calle y alguien por detrás le agarra y le amenaza con una navaja mientras le pide su cartera, él le da su cartera y el ladrón se marcha. El acontecimiento ha empezado y ha terminado, pero la víctima ha sufrido mucho estrés, puede estar sintiendo pánico, ira, ganas de llorar o de gritar… Y toda esta emoción que experimenta dentro suyo debe salir porque hasta que no salga, la mente entenderá que el acontecimiento no ha terminado.

Si esa persona vuelve a casa y no expresa todo aquello que siente, la mente entenderá que ese acontecimiento conflictivo todavía no ha terminado porque hay procesos que siguen operando, es decir siguen abiertos. Necesita conectar con lo que siente y expresarlo, pero tristemente la mayoría de personas prefieren olvidar lo que ha sucedido para no sentir todo aquello que están sintiendo y así es como el acontecimiento del atraco sigue activo en un presente perpetuo, generando sufrimiento, malestar y todo tipo de miedos. El atraco aún no ha finalizado y sólo lo hará cuando todas las emociones bloqueadas del atraco sean expresadas. Cuando las emociones que han empezado en el atraco finalicen, se activará plenamente la vía parasimpática, el cuerpo recuperará completamente el equilibrio, la experiencia será asimilada y la persona recuperará su estado normal y podrá seguir con su vida.

Otro ejemplo, nuestro jefe nos grita y nos falta al respeto. Sentimos un gran estrés y mucha ira, nuestro cuerpo se tensa y se prepara para la acción, queremos golpearle, gritarle o salir corriendo. Pero en lugar de eso, bloqueamos conscientemente esa respuesta porque sabemos que nos despedirá y entonces nos quedamos callados aceptando lo que nos dice.  Se activa la fase simpática, pero se bloquea la conducta y con ella la expresión emocional y en consecuencia la tensión sigue dentro de nuestro cuerpo, la fase parasimpática no se activa plenamente y el malestar sigue dentro.

La mayoría de conflictos emocionales provienen de un llanto o un susto que ha quedado “atrapado” e impide que el acontecimiento termine, lo que produce que el cuerpo siga estando alerta y siga liberando hormonas de estrés.

A continuación, vamos a hacer una explicación fisiológica muy general.

Cuando experimentamos una situación conflictiva, la corteza cerebral y el tálamo, procesan la información que llega de los sentidos. El sistema límbico debe adecuar al organismo para afrontar aquello que el tálamo va percibiendo. Así, la amígdala activa al hipotálamo para que éste mande una señal a las glándulas suprarrenales, y éstas liberen cortisol. El cual, produce una serie de respuestas incondicionadas en el organismo basadas en aprendizajes que se han implementado genéticamente a lo largo de la evolución de la especie, siempre con el objetivo de mantenerla con vida. Estas respuestas se basan en atacar o huir.

Para ello, cuando se libera el cortisol se activa la vía simpática del sistema nervioso, se produce un aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca, dilatación de las pupilas, aumento de la respiración, tensión muscular… Y en particular se producen contracciones y espasmos, principalmente en el estómago, en el esófago y en la faringe, que mantienen estas áreas contraídas.

Si en este momento nos enfrentamos y atacamos, o por el contrario salimos corriendo, estaremos ejecutando una respuesta, la cual permite que la vía simpática del sistema nervioso culmine su función y realice la expresión emocional correspondiente y una vez que estemos a salvo dejará paso a la vía parasimpática, la cual facilitará el equilibrio del organismo y devolverá todas sus funciones a su estado normal. Esta vía produce bostezos, lagrimeo, respiración profunda, relajación… Entonces las glándulas suprarrenales envían una señal al hipotálamo, éste avisa a la amígdala cerebral y se produce la asimilación de la experiencia en el hipocampo, el cual registra la experiencia en la memoria.

Piensa en los momentos en los que te gustaría insultar a alguien, gritarle, coger algo y romperlo, enfadarte, llorar, salir corriendo… Cuando quieres hacerlo y no lo haces estás bloqueando el ciclo natural de la experiencia emocional.

El problema es que si no actuamos, y en el momento en el que la vía simpática está activa nos quedamos quietos porque no podemos pegar a nuestro jefe o salir corriendo de la oficina, en ese momento bloqueamos la vía simpática y en consecuencia la vía parasimpática no puede proceder correctamente, impidiendo que recuperemos el equilibrio homeostático del modo habitual y dejando contraídas ciertas partes como el estómago, el esófago o la faringe.

Da igual si estás en casa con tu familia, internamente tu jefe te sigue gritando. Da igual si estás de vacaciones en el lugar mas maravilloso del mundo, internamente tu jefe te sigue gritando. Da igual que ya hayas cambiado de trabajo, internamente tu jefe te sigue gritando. La experiencia no culmina hasta que expreses la emoción que quedó reprimida en ese momento en el que tu jefe te gritaba.

Además, cada vez que oigas gritar a alguien, tu cuerpo se estremecerá porque toda la intensidad de la experiencia de tu jefe se activará de nuevo, cada vez que sientas que alguien te echa la culpa por algo que no has hecho la experiencia se activará de nuevo y así sucesivamente. Muchas veces reaccionamos de forma desmedida por cosas poco importantes, lo que ahí está sucediendo en realidad es que esa cosa poco importante ha activado una experiencia conflictiva que todavía está activa dentro nuestro, y de ahí deriva nuestra reacción.

El llanto sigue dentro, el susto sigue dentro, el hipotálamo no ha recibido la señal, la amígdala no se ha relajado y el hipocampo no ha asimilado correctamente la experiencia. No la comprendemos, no podemos predecir cuando sucederá ni controlar como reaccionaremos cuando suceda y lo peor de todo es que en todo momento seguimos sintiendo la emoción atravesada dentro nuestro, en forma de nudo en la garganta, en forma de presión en el pecho o bola en el estómago.

Ahora pensemos en los momentos en los que nos faltan al respeto, nos gritan, nos culpan de algo que no hemos hecho, nos quitan injustamente algo que merecemos, nos engañan… Prácticamente todos los días vivimos pequeños momentos de estrés, frustración, ira… En las que reprimimos nuestras emociones y poco a poco éstas se van acumulando hasta que explotamos, ya sea destruyendo nuestra vida o destruyendo nuestro cuerpo somatizando lo que sentimos.

4. Mecanismos naturales para la liberación emocional.

En los siguientes puntos te proponemos 3 mecanismos naturales del organismo para resolver esta tensión acumulada:

  1. Hipótesis de la reedirección de la tensión.
  2. Hipótesis de las activaciones menores.
  3. Resolución de los conflictos.

Estas son las 3 vías mediante las cuales el cuerpo gestiona la tensión interna derivada del conflicto emocional. Cabe destacar que las 3 vías son complementarias y pueden darse simultáneamente.

Cuando experimentamos un conflicto, el malestar lo podemos localizar claramente en un punto principal del cuerpo, ya sea la garganta, el pecho, el estómago… Pero si toda esa tensión, que en realidad no es más que energía eléctrica, se queda indefinidamente en una serie de tejidos terminaría por dañarlos. Por ello, con el tiempo el cuerpo redirige la tensión a otros puntos para ayudar a soportarla. De este modo, la tensión será distribuida por una red de diferentes puntos del cuerpo a partir de los cuales se liberará la tensión de los puntos iniciales. Esta hipótesis ha sido continuamente observada en los ejercicios de MC, pudiendo identificar toda la red de puntos de tensión asociados a un único conflicto.

Los focos principales, los denominaremos focos primarios, y los focos en los que se distribuye la tensión, como focos secundarios.

La tensión sale del foco primario para liberarse a través de los focos secundarios, en estos identificamos eccemas, dolores, contracturas, espasmos… Gracias a esta liberación de tensión constante de los focos secundarios, el conflicto en el foco primario se mantiene latente, lo que hace que éste no se dañe tan rápido y se consigue tiempo para lograr la resolución el conflicto asociado. Más adelante profundizaremos en los focos de tensión.

El primer mecanismo (la hipótesis anterior) nos permite soportar el dolor, tensión, sufrimiento en el cuerpo, pero no aguantará indefinidamente, lo soportará mientras mentalmente no logramos capacitarnos para hacer frente al conflicto que tenemos pendiente por resolver. Así que capacitarnos y resolverlo, es realmente urgente.

El segundo mecanismo se basa en capacitarnos para resolver el conflicto y para ello la mente llevará a la persona a experimentar estímulos similares a los estímulos del conflicto original, los cuales propiciaron la tensión corporal que actualmente se encuentra reprimida.

Esta estrategia parte de la base  de que cuando recordamos, estamos activando las mismas neuronas que activamos durante la experiencia recordada. Así que mentalmente es lo mismo vivirlo, soñarlo o imaginarlo.

Esto quiere decir que si has sufrido un abuso, y la emoción experimentada durante el abuso ha quedado reprimida, tu mente te llevará una y otra vez hacia situaciones en las que experimentes alguna forma de abuso. Ya sea mediante pesadillas en las que sufres un abuso, películas en las que hay abusos, conversaciones con amigos sobre abusos, situaciones en las que hay abusos (por ejemplo de confianza, o en el trabajo)… Así una y otra vez se te llevará hacia el abuso para activar esa memoria y al activará te capacitarás para hacer frente ese tipo de situaciones y al mismo tiempo conectarás con la emoción reprimida dejándola salir, o por lo menos en parte.

En el segundo módulo veremos que existen algoritmos mentales que se encargan de presentarnos continuamente estímulos similares a los del conflicto original. Conocer dichos algoritmos, sorprendentemente, nos permitirá predecir gran cantidad de acontecimientos futuros potenciales.

Un conflicto interno se puede resolver tanto si nos enfrentamos al conflicto real, como si lo hacemos mediante simulaciones (como son los sueños o las visualizaciones).

En los sueños, se construyen simulaciones inmersivas en las que nos enfrentamos a experiencias reflejas de las experiencias conflictivas, las cuales activan la tensión reprimida, facilitan su liberación y nos ayudan a comprender y asimilar la experiencia.

Para lograr la resolución del conflicto, hemos de:

  1. Activar la cognición asociada al conflicto.
  2. Expresar la emoción reprimida.
  3. Comprender la experiencia.

Una vez que la persona activa el conflicto, lo siente y mediante los protocolos de la MC consigue liberar la emoción reprimida, descubre que su cuerpo ya no sufre, ya no siente malestar, ya no tiene miedo… Y es en ese momento cuando entiende por primera vez qué es lo que sucedió y puede asimilar esa información, derivando en un aprendizaje que le permitirá tomar mejores decisiones a partir de ahora.

5. Dinámicas de interacción con las representaciones mentales.

En un estado natural, la mente está al servicio de la conciencia. Si la conciencia quiere leer un libro, la mente procesa la información del libro y la construye para que podamos leer. Si la conciencia quiere ir a cierta dirección, la mente capta los estímulos de la calle y nos guía hasta encontrar nuestro destino… Pero la mente tiene una capacidad mucho mayor a la que imaginamos y no sólo está al servicio de la conciencia, también está al servicio de la supervivencia de la especie y lo está por encima del propio individuo.

Esto quiere decir que al mismo tiempo que atiende las necesidades de la conciencia, en paralelo evalúa todos los datos (incluso cantidades inmensas de información que no creemos captar) para crear estrategias que ayuden a que el individuo:

  1. La mente siempre busca un desafío mayor, no hay descanso ni tregua.
  2. Cuando por fin encuentra un desafío que está más allá de la capacidad del individuo, se concentra en capacitarle para superarlo.
  3. Una vez superado traspasa dicha información al resto de la especie para que asimilen ese nivel de complejidad.

Según nuestra teoría del propósito evolutivo, todos los seres nos desarrollamos avanzando en lo desconocido hasta que encontramos un obstáculo que no podemos resolver, nuestro cuerpo segrega hormonas de atracción hacia ello y en ese punto se activan las estrategias cognitivas para comprenderlo, resolverlo y asimilarlo. Una vez que lo comprendemos buscamos predecirlo y finalmente controlarlo, entonces comunicamos la experiencia y lo aprendido a las personas de nuestro alrededor y nos predisponemos a seguir avanzando, hasta nuestro próximo desafío.

La base de la insatisfacción humana reside en que el objetivo del ser humano no es ser feliz, es aumentar la capacidad de procesamiento de la información para procesar cada vez información más compleja. La insatisfacción es el motor que nos lleva a seguir avanzando.

Como veremos en el segundo módulo, cuando una persona no avanza significa que o bien está herida y se está curando o está estancada resolviendo un desafío que no logra asimilar y que le ha dejado atrapada en una situación sin salida.

Durante la fase REM del sueño, el propósito evolutivo crea simulaciones mentales en las que proyecta metafóricamente los conflictos que el soñador no ha logrado superar (asimilar). Así, mediante el sueño, el soñador es expuesto a conflictos que le ayudan a liberar las emociones reprimidas y que le capacitan para poder asimilar el conflicto original.

Es por este motivo que, después de una experiencia conflictiva, soñamos reiteradamente con la misma experiencia y nos despertamos exaltados. Estamos liberando la emoción reprimida mientras nos capacitamos para asimilarla.

El objetivo del propósito evolutivo es resolver el conflicto que no hemos superado, simulándolo metafóricamente. Sin tener de nuevo que exponernos físicamente a él.

El objetivo de la Metaprogramación Cognitiva es aprovechar esta capacidad del propósito evolutivo de la mente, para crear simulaciones mentales mediante la visualización y dejar que el propósito evolutivo proyecte metáforas de los conflictos internos que no se han podido resolver y así poder resolverlos aprovechando el estado lúcido de la vigilia.

Ahora el problema es ¿Cómo logramos activar el propósito evolutivo en una visualización? Para ello hemos de profundizar en la imaginación.

En la MC proponemos la “teoría de la doble función de la imaginación”, según la que:

“Cualquier cognición debe tener una función.”

La mente es económica y no gasta energía imaginando, si esa imaginación no tiene un objetivo útil para la supervivencia.

Siempre que imaginamos, lo que estamos haciendo es activar una cognición funcional para 2 potenciales propósitos:

  1. Predecir una situación futura para tomar una decisión.
  2. Acomodar información mal procesada anteriormente.

Cuando imaginamos lo que sucederá en unas horas, cuando imaginamos lo que no dirá nuestro jefe, cuando imaginamos cómo será la comida del restaurante al que vamos… Estamos usando la imaginación para predecir.

Pero cuando a una persona le pedimos que cierre los ojos e imagine por ejemplo un paisaje, la persona no puede relacionar esa cognición con ninguna situación futura, por ello no puede utilizar esa funcionalidad. Tiene que tomar una decisión sobre qué paisaje ver, pero la decisión es previa a la construcción del paisaje, por ello la cognición sobre qué paisaje imaginar, no se puede sostener sobre la función de tomar una decisión. Por todo ello, como la mente necesita que toda cognición tenga un “sentido funcional”, opta por utilizar esa cognición como proceso de acomodación.

Acomodación significa asimilar una experiencia que en un primer momento no ha podido ser asimilada correctamente.

De este modo, el paisaje que imagine adquirirá el mismo carácter funcional que tienen los sueños. Servirá para acomodar información previamente procesada. Cómo la mente se ve obligada a construir un paisaje (o cualquier otro entorno en el que la persona pueda imaginar que se mueve), deberá hacer que ese lugar, simbólicamente, represente la información que debe ser acomodada. Por este motivo, este paisaje se verá condicionado por la configuración mental de la persona.

Cuando realizamos una visualización y ésta no sirve para predecir, la mente de la persona construye sobre el plano mental los elementos de la visualización, ya sea un espacio vacío, un prado, una playa, un chiringuito, una persona, un perro… Y en cada símbolo proyecta su estrategia evolutiva para hacer que ese símbolo sirva para:

1. Capacitar a la persona aumentando su complejidad.

2. Catalizar una emoción reprimida.

Más adelante profundizaremos en estas dos funciones.

¿Cómo se realiza una activación? Simplemente haciendo que la persona piense en algo. Por ejemplo, si tiene un conflicto con otra persona, le haremos pensar en esa persona. Si tiene un dolor en la espalda, le pediremos que sienta el dolor. Si tiene un conflicto emocional, le pediremos que sienta la emoción que le produce malestar…

Una vez que la persona está pensando en ello, la cognición ya se encuentra activa y podemos disponernos a crear el metaprograma que nos guiará en su resolución.

A continuación, presentamos un modelo teórico de los diferentes grados de activación de la mente humana.

  1. Activación específica: Aquello en lo que le hacemos focalizar su atención a tiempo real.
  2. Activación reciente: Es toda la información contextual que ha sido activada para que la persona pueda encontrarse en el lugar en el que está. Por ejemplo, las calles que ha recorrido, la conducción, el lugar y los elementos que hay en ese espacio, las personas con las que se encuentra…
  3. Activación relevante: Son los problemas que subyacen todo aquello que se está haciendo. Cuando hay conflictos en nuestra vida, estos se encuentran activos aunque no estemos específicamente pensando en ellos. Por ello, a veces descubrimos que nos hemos desconectado de aquello que estábamos haciendo y estamos pensando en aquello que nos preocupa.
  4. Activación conflictiva: Son los grandes traumas de nuestra vida. Son las cogniciones de las situaciones conflictivas que no han sido procesadas correctamente y la mente las mantiene latentes para ir corrigiéndolas durante los procesos de acomodación.

Cabe destacar que las 4 activaciones cognitivas suceden simultáneamente y en paralelo.

Antes de empezar un ejercicio hemos de observar el estado de la persona. Si está muy estresada, realizaremos una conversación distendida y relajada sin focalizarnos en ningún conflicto, simplemente para que la persona se relaje.

Si focalizamos la conversación sobre algún tema específico, estaremos creando una activación específica y es posible que posteriormente influya sobre el trabajo que queremos realizar.

Cuando el cliente se encuentre tranquilo, le pediremos que cierre los ojos y que observe aquello en lo que nos interesa centrar su atención. Descubriremos que en muchos casos cuando una persona cierra los ojos es posible que no vea nada.

Existe un detalle que hemos de tener en cuenta y es que no todas las personas procesan la información del mismo modo. En unos predomina el campo visual, en otros el auditivo y en otros el kinestéstico (tacto). Esto define lo desarrollado que tiene cada sentido cada persona, aquel que tenga más desarrollado será prioritario frente al resto. Por este motivo, unos se centrarán más en las imágenes, otros, en los sonidos; y otros, en las sensaciones. No creamos que sólo utilizamos un sentido, siempre trabajamos con cadenas de sentidos; por ejemplo, algunas personas son en primer lugar visuales, después auditivas y finalmente kinestésicas.

Las personas visuales no tendrán ningún problema para realizar la metaprogramación; a las auditivas puede ser que les cueste adentrarse en las imágenes y las kinestésicas serán las que quizá tendrán más problemas para “ver”. Para evitar que lo vivan como un problema, no proyectemos un modo de ver, dejemos que la persona exprese lo que se manifiesta, con sus palabras, y que sea ella la que nos ayude a comprender qué es lo que ve y cómo lo ve.

Es posible que a veces la mente tarde un poco en construir los símbolos y aquí es donde la persona nos dirá que no ve nada. Por ejemplo, si trabajamos sobre una sensación de malestar en el estómago, le pediremos que cierre los ojos y con los ojos cerrados observe “qué hay” en su estómago. Algunas personas nos dirán rápidamente, “un nudo”, “una bola”, “un globo”, etc. Y a partir de ahí, empezaremos a trabajar. Si aún así la persona tiene alguna dificultad le recordaremos que no tiene que “ver” nada, únicamente tiene que “imaginar”, y dejaremos que se invente, por ejemplo, que hay alguna cosa en su estómago.

Un truco que suele funcionar, es decir:

–Cierra los ojos y observa lo que ves en tu pecho (si es ahí donde siente el malestar).

–No veo nada.

–¿Si vieras algo que habría?

–Pues como una especie de bola.

Descubrimos que muchas veces las personas no son capaces de saber, responder, imaginar… Pero si les planteas:

“¿Si lo supieras, que dirías?”

“¿Si fueses capaz que harías?”

“¿Si lo vieras, que dirías que hay?”

“¿Imagina que lo ves, que dirías que hay?”

Al ponerlos en el “caso hipotético” automáticamente se dan permiso para acceder a la información a la que antes no accedían.

Por otro lado, es posible que si vamos a trabajar algún aspecto conflictivo, el cliente pueda autoboicotear el ejercicio diciendo que no ve nada o que aquello que ve no deja de cambiar. La resistencia de su mente por mantenerse en su espacio de confort le producirá tensión cuando sienta que su mundo interno va a ser profanado. Por ello, debemos intentar que el cliente no sepa qué tema vamos a abordar y, si se tensa, cambiaremos de ejercicio, le distraeremos o incluso empezaremos el metaprograma sin que cierre los ojos, haciéndole preguntas sobre qué siente y cómo lo siente, y finalmente le pediremos que cierre los ojos para adentrarse en ello con más profundidad.

Lo primero que debemos hacer es activar un recuerdo, situación o persona que identifiquemos como conflictiva, para ello solamente hace falta pensar en ello. No hace falta profundizar mucho en el recuerdo, rememorarlo completamente o volver a sufrirlo. Normalmente sólo con la intención de pensar en ello ya lo activará.

Inmediatamente sentiremos una presión en el cuerpo, es posible que sea en el estómago, en el esófago, en la garganta. O puede ser que se nos tensen las piernas, manos, boca, espalda… Solamente cerraremos los ojos y conectaremos con esa sensación. En este momento el conflicto está activo, la vía simpática está activa, la tensión de la experiencia original ha despertado.

Ahora que tenemos el foco activo, lo primero que debemos hacer es concretar los límites del foco poniéndole una forma o color. Por ejemplo, en el estómago podemos tener decenas de focos de una infinidad de experiencias, y todos y cada uno son diferentes. Por ello, debemos concretar la activación cognitiva de la experiencia conflictiva que hemos activado con un foco muy definido, así al aplicar el protocolo para heridas emocionales (que veremos más adelante) actuaremos concretamente sólo sobre esta activación y no sobre otras. Por ejemplo, si una persona en lugar de pensar en una experiencia definida de su pasado, pensase abstractamente en la ansiedad, ésta podría estar vinculada al tabaco por ejemplo, pero también al trabajo, a la pareja, a los hijos, al dinero… Y si no definimos en que contexto se manifiesta un foco determinado, no concretaremos ese foco, y la sensación de ansiedad no se armonizará, porque al aplicar el protocolo irá saltando de un tema a otro, sin llegar a sanar ninguno.

Por ello, cuando al realizar una activación, se activa un foco, lo primero que haremos será concretar el color del foco, para así tener una “foto” de esa sensación en el contexto activado.

El ojo percibe su entorno a partir de las longitudes de onda de los espectros de luz visibles. Hipotéticamente al pedirle a alguien que imagine un color en un foco dentro de su cuerpo, el ojo tenderá a interpretar la temperatura corporal de ese lugar y la asociará a un color con una longitud de onda proporcional a esa temperatura. Así no sólo concretaremos la imagen del foco, sino que obtendremos información de la longitud de onda de la tensión del foco.

Esto quiere decir que el color que el ojo elige para representar un foco, no es al azar, sino que el ojo elige un color a partir de la carga de tensión del foco y de la temperatura de esa localización, y nosotros podemos interpretar este color para saber el modo en el que el foco está expresando la tensión.

En ocasiones el cliente nos dirá que no ve un color, directamente nos dirá que ve una bola, una astilla clavada, una soga en el cuello… Para empezar, en los primeros casos de prácticas siempre nos será más cómodo trabajar con colores, pero cuando tengamos más experiencia siempre buscaremos el elemento de mayor complejidad. Por lo tanto, preferiremos un objeto o un animal al color.

Los colores que se representan en el organismo del cliente pueden ser fríos, longitud de onda corta, o cálidos, longitud de onda larga:

Cuando el ojo percibe que un foco es de longitud de onda corta, un color frío. Significa que ese tejido está en tensión, porque sino el ojo no captaría una tensión diferente a la del resto del cuerpo que está en movimiento, pero expresa poco calor. Lo que significa que, en cierto modo, la tensión no está expresándose demasiado. Es como si tienes el puño cerrado, pero no haces fuerza. Hay una tensión que mantiene la mano cerrada, pero no hay la suficiente fuerza como para aumentar el ritmo de la circulación sanguínea y aumentar así la temperatura de la mano. Lo que haría, que se pusiese roja.

Por el contrario, cuando el ojo percibe una longitud de onda larga, el foco de tensión aparece en un color cálido, y esto nos indica que se expresa calor. En consecuencia, esos tejidos están activos, están en plena contracción y eso se produce porque están liberando tensión en ese momento. El puño no solo está cerrado, está apretando, ha aumentado la circulación sanguínea y la mano aumenta su temperatura.

En cierto modo, el ojo realiza una termografía. Un sistema de diagnóstico digital que mediante infrarrojos realiza un análisis térmico de los tejidos del cuerpo. Las termografías analizan los cambios de temperatura de la piel para identificar enfermedades, como por ejemplo en el cáncer de mama, en el cual las células cancerígenas al multiplicarse aumentan la circulación sanguínea en la superficie mamaria y eso implica un aumento de temperatura.

No quiere decir que la interpretación de focos de colores en el cuerpo por parte del ojo humano haga la misma función que la termografía ni que sea un sistema diagnóstico para el cáncer o cualquier otra enfermedad, pero sí que puede ser una herramienta útil para identificar emociones reprimidas.

Ejemplos de termografía:

 

Los focos primarios suelen encontrarse en la parte central del tronco, principalmente en el estómago, en el diafragma, en el esófago y en la faringe.

En cada una de estas partes suele haber más de un foco, por ello es muy importante realizar correctamente la activación, siendo muy específicos. Lo normal, es que estos focos primarios lleven tiempo bloqueados y se encuentren en estado latente, por lo que suelen tener colores fríos. Descubriremos que, al empezar a aplicarles el protocolo de las heridas emocionales, a medida que se vayan desbloqueando irán pasando de colores fríos a colores cálidos.

Si el conflicto es reciente el foco primario todavía será caliente, y cuanto más se reprima y mas tiempo haya transcurrido desde el acontecimiento, más frío será.

Si el foco se encuentra en otras partes del cuerpo, como extremidades, espalda, cabeza, articulaciones… Consideraremos que será un foco secundario. Normalmente el foco secundario será de color cálido porque los focos primarios los usan para liberar su tensión y por este motivo suelen activarse periódicamente, pero es posible que un foco secundario se encuentre latente si hace mucho tiempo que no se activa la tensión del foco primario, y por este motivo no descartaremos que un foco secundario sea de color frío.

Siempre iremos con mucho más cuidado con el foco primario que con el foco secundario, los ejercicios que hagamos con los focos primarios tenderán a ser más complicados que los ejercicios que hagamos a los focos secundarios los cuales se resolverán más rápido. Pero hemos de tener en cuenta que cuando se libera un foco secundario, el foco primario pierde su vía de salida de la tensión y es posible que se active por sorpresa generando malestar.

La recomendación es abordar todos los focos de un conflicto en una misma sesión, o por lo menos asegurarnos de que el foco primario principal de un conflicto queda resuelto en esa misma sesión.

Recordemos que el foco se encuentra atrapado en la fase simpática / contractiva del conflictivo, y nosotros hemos de facilitar que culmine dicha fase y logre pasar a la fase parasimpática / expansiva, del conflicto.

Observaremos que cuando una persona piensa en un conflicto, una o varias partes de su cuerpo se tensarán, si le pedimos que cierre los ojos y observe que color ve con los ojos cerrados en el lugar que se ha tensado, tendremos localizado e identificado el foco de ese conflicto. Cabe destacar que ese foco no es ni el único, ni el primario. Sencillamente es el que la mente elige como prioritario en ese momento. Por ello, le pediremos a la persona que:

  1. Respire abdominalmente.
  2. Afloje las partes de su cuerpo que estén en tensión, incluida la zona del foco.
  3. Deje que el color se empiece a mover libremente.
  4. No ponga ninguna resistencia, dejando que el color haga lo que tenga que hacer.
  5. Deje que el color salga de su cuerpo por si mismo y se vaya, o simplemente desaparezca.

Descubriremos que la mayoría de focos se liberan de un modo tan sencillo como hemos visto en los 5 pasos anteriores, pero cuando abordamos conflictos internos importantes dicho proceso no es suficiente y deberemos jugar con los diferentes niveles de complejidad.

La palabra medicina tiene su origen etimológico en la palabra latina “mederi”, que se interpreta como cuidar o tratar, pero deriva del concepto de medida, específicamente del latín “metiri”. La palabra medida se refiere a proporción o correspondencia de algo con otra cosa (según la Rae).

Antiguamente se entendía que cada persona tenía una “medida” y si “algún acontecimiento” sobrepasaba la capacidad de la persona para gestionarlo la persona enfermaba.

El concepto “enfermar“, deriva del prefijo latino in- que indica negación y el lexema –firm que indica firme o firmeza. Así que en la antigüedad se entendía que la persona que enferma pierde su firmeza. Podemos comprender esta perdida de firmeza como un agotamiento del organismo. Entonces el médico, era la persona que debía ayudar al enfermo a restablecer su medida, para ello se le aleja del conflicto mediante una etapa de convalecencia o una cuarentena, y se la cuida hasta que la persona recobra sus fuerzas.

La visión de la MC es que cualquier persona que pierde su firmeza en sus iniciativas y proyectos, ya sean relaciones de pareja, proyectos profesionales, sueños e ilusiones… Está sufriendo un desgaste, ya sea por su falta de capacidad para seguir adelante o debido a tensión reprimida que le está desgastando. Por lo tanto, una persona que se desalinea, aunque no presente ningún síntoma, tal y como los conocemos, estará enfermando. Por este motivo liberaremos tanta tensión como podamos para que recupere su fuerza y le capacitaremos para que sea capaz de afrontar con éxito sus iniciativas y proyectos.

Si trabajamos con personas que están enfermas (siempre como complemento del proceso médico correspondiente) o si tienen algun malestar emocional que está somatizando una dolencia física, es importante tener una imagen completa del conflicto interno antes de realizar ningún abordaje, para poder tener clara la dimensión del conflicto frente al que nos encontramos.

Imaginemos que tenemos localizado el foco y lo tenemos de color rojo. Lo que sucede es que éste no tiene porque ser “el foco principal” o “un foco primario”, es posible que tan solo sea “un foco secundario”. Las enfermedades no son algo blanco o negro, normalmente son sistemas difíciles de rastrear y para sanarlas de verdad es necesario comprender el sistema completo.

Para ello, en los casos en los que estemos abordando el conflicto emocional que puede haber tras una enfermedad, una vez que tengamos identificado un foco, le preguntaremos a la persona si observa ramificaciones. Es decir, cordones, cables, ramas, hilos… Que salen de ese foco y van a otra parte del organismo. Es posible que diga que ve un cable que sale del foco y va, por ejemplo, a su pie izquierdo. Entonces le pediremos que observe si en el lugar al que llega el cable hay un foco de algún color. Ese punto que hemos descubierto es una ramificación.

Ahora ya tenemos dos focos que están conectados. Ahora le pediremos que observe si del foco original sale otro cable. Si dice que sí, realizaremos el mismo acto de seguirlo y encontrar el nuevo foco. Si dice que no, iremos al segundo foco y observaremos si de él salen cables. Si es que sí, los seguiremos e iremos descubriendo los nuevos focos. Si no salen nuevos cables significa que ya tenemos la imagen completa del sistema del conflicto.

Esta red que tenemos delante identifica cómo se está experimentando el conflicto y cómo el cuerpo está ejecutando los focos menores para resolverlo. Es posible que un conflicto que empieza a partir de una contractura en la espalda, derive en una red que tiene un foco en la cadera y otro en el pie, así encontraremos cadenas musculares, lesiones vinculadas… Y todo aquello que influye en que el organismo no esté bien.

Hemos de tener en cuenta que aunque tengamos el sistema identificado con los diferentes focos probablemente esa persona tendrá otros sistemas superpuestos, relativos a otros conflictos. Éstos deberán trabajarse posteriormente en otros metaprogramas.

A continuación, os dejamos un vídeo con el sistema de focos que le hemos hecho a Débora. Forma parte de un ejercicio mayor que mostraremos más adelante pero enseñar esta parte aquí os ayudará a comprender mejor el ejercicio:

Cuando le pedimos a una persona que cierre los ojos y que, con los ojos cerrados, mire dentro de su cuerpo y observe en el lugar en el que siente una presión e imagine que allí hay un color, estamos induciendo a que la persona vea un color.

¿Pero porque nos interesa que vea un color y no otra cosa?

Porque nos interesa que la emoción no se desborde. Lo que queremos es gestionarla poco a poco, dejar que la tensión se vaya vaciando y los colores son elementos poco complejos que no permiten mucha expresión.

Pero la persona puede responder de múltiples formas cuando mira hacia adentro y es posible que al pedirle que cierre los ojos y observe que ve en el lugar de su malestar, vea un objeto, un bicho o animal, directamente. En ese caso aceptaremos el símbolo que la persona nos propone y trabajaremos con ese símbolo.

Nos puede decir:

  • Es como si tuviera una pelota en el estómago.
  • Es como si tuviese algo clavado en mi pecho.
  • Es como si cargase con un peso en la espalda.
  • Es como si alguien me estuviese asfixiando.
  • Es como si hubiese bichos dentro de mi.
  • Es como una serpiente que se mueve por mi tripa.

Hay 4 tipos de elementos:

  • Colores: Poco complejos, se pueden mover dando vueltas sobre sí mismos, moverse de un lado a otro o parpadear. La catarsis que puede generar es mínima, pero son buenos para liberar tensión.
  • Objetos: Suelen ser más complejos que los colores y tienen una función la que supondrá un rol a desempeñar. Por ejemplo, un cuchillo corta, un martillo golpea, una soga ahoga, un nudo aprieta… La catarsis es mayor, pero también lo es la liberación de tensión.
  • Animales: Normalmente aparecen dentro del cuerpo como bichos, gusanos, serpientes, animales salvajes… Son angustiosos, provocan mucho malestar y también liberan mucha tensión.
  • Personas: No aparecen dentro del cuerpo. Aparecen fuera del cuerpo cuando nosotros los proyectamos. Cuando tenemos un foco localizado, por ejemplo, en el pecho. Podemos proyectar a una persona diciéndole al cliente que deje que delante suyo aparezca alguien. Podemos inducir a que sea alguien conocido. Cuanto más conocido sea mayor será la catarsis que producirá y más nos estaremos acercando al conflicto que se tiene que resolver. Las personas que aparecerán, no tienen porque ser las causantes del conflicto. Más adelante profundizaremos en ello.

7. Protocolo base.

Este es el protocolo principal de la Metaprogramación Cognitiva, aquí es donde desarrollamos la forma principal de interacción con las representaciones mentales, y que a lo largo de todos estos años nos ha mostrados mayores niveles de efectividad y armonía.

En cualquier ejercicio, independientemente del protocolo que estés siguiendo, siempre tienes que tener en cuenta esta forma de interacción.

En esta dinámica dejaremos que el elemento, ya sea un color, un objeto, un animal o una persona, se exprese.

Entendemos como “expresar”, permitir que ese elemento realice movimientos, acciones o interacciones de cualquier tipo. Cualquier acción que realicé, ya sea moverse, andar, sonreír, enfadarse, abrazarte, hablar… Serán consideradas como expresiones.

Todo verbo es una acción.

Cuando termina de hacer la acción, daremos por supuesto que la representación ha dejado de expresarse. La mente del cliente (mediante el propósito evolutivo) se ocupará de que las expresiones que realicen los símbolos lleven a la persona a vivir aquello que necesita vivir para conectar con la emoción que tiene reprimida y terminar expresándola. La catarsis es el modo en el cual la emoción reprimida se expresa, el proceso culmina y el conflicto se resuelve. Por ello, siempre confiaremos en las acciones que realicen las representaciones mentales, no importa si quieren agredir al cliente, si le gritan, abusan de él o le hacen daño. No hay acciones buenas o malas, todas son catárticas, estrategias cognitivas para propiciar la activación del conflicto y lograr la catarsis de la emoción reprimida.

Siempre dejaremos que los elementos se expresen y hagan lo que tengan que hacer hasta que cumplan su función. Cuando lo hayan hecho, se marcharán o desaparecerán. En ese momento, el conflicto o parte del conflicto estará resuelto.

Con ese fin, lo primero que haremos será dar permiso al cliente para que permita que el elemento haga aquello que tiene que hacer y pondremos toda nuestra atención, precisión y excelencia en usar las palabras correctas, el tono verbal adecuado y jugar con los tiempos para lograr que el símbolo se exprese.

Éste será un arte que se aprenderá y perfeccionará con el tiempo, y es el que verdaderamente nos aportará resultados excepcionales.

Una vez que hemos dejado que el elemento se exprese, hemos de aceptar aquello que expresa. Puesto que, si luchamos contra él, lo que en realidad hacemos es limitar su expresión.

La forma de aceptación que produce unos mayores resultados es el sometimiento voluntario.

¿Por qué hay que someterse? La representación mental cumple con un guion basado en una estrategia catártica. Es decir, provocará una emoción en la persona que le permitirá liberar la tensión reprimida en el foco. Por ello, si no le dejamos cumplir con su guion, la catarsis no llegará y no lograremos la armonización.

Por este motivo, permitiremos que el símbolo haga lo que quiera. Descubriremos que en ocasiones la acción es agradable como besarnos, abrazarnos, o simplemente hablar (aunque a veces es posible que no se le escuche, pero aún así le dejaremos hablar); y, en otras, será profundamente desagradable, como golpearnos, gritarnos, llorar, abusar de nosotros, insultarnos… No importa lo que haga, mientras lo hace mantendremos un estado de equilibrio psicofisiológico en el cliente, respirando profundamente y expirando, soplando por la boca. Seguiremos así hasta que el elemento termine de hacer lo que esté haciendo, entonces su guion habrá finalizado. Es posible que entonces automáticamente se integre en nosotros, desaparezca o directamente se marche. Si no lo hace, seguiremos con el protocolo.

Habrá veces que el cliente no se podrá someter a lo que está sucediendo, en ese momento debemos intentar que pueda aceptarlo y someterse. Para ello, le pediremos que siga las instrucciones de la representación mental. Por ejemplo, si ésta quiere un abrazo le pediremos que le abrace. Si vemos que quiere que le diga que le quiere, le pediremos que lo diga (en voz alta). Si le pide que vuelva con él, le diremos que se lo diga.

Todos los conflictos provienen de una fuerza que la persona aplica para que algo no suceda. El objetivo del símbolo es romper esa fuerza para que la persona llegue al equilibrio. Solo cuando deja de luchar y se rinde, el cuerpo se relaja, suelta la emoción y el conflicto se resuelve.

Así que podemos partir de que cuanta más resistencia pone el cliente, más conflicto y tensión hay.

Si el símbolo no se expresa es porque el cliente no tiene la complejidad suficiente como para hacer frente a la complejidad del conflicto. En ese caso, debemos aumentar la complejidad del cliente capacitándole hasta que el símbolo empiece a expresarse.

Entendemos que el elemento no se expresa, cuando por ejemplo una persona frente al cliente, está completamente estática. Suelen describirlo como paralizado, congelado, como si le hubiesen dado al pause. Ahí toca capacitar.

Si delante del cliente tenemos a un animal o una persona, le pediremos que imagine que el animal o la persona le da objetos. Por ejemplo, un perro le traerá cosas, y una persona le dará cosas. Descubriremos que, en muchos casos, las cosas que nos dan no tienen  sentido. Quizás el perro le da un tractor de juguete, o la persona le da un bocadillo de tortilla, un martillo o un sonajero.

Las cosas que nos dan tienen la función de provocar activaciones cognitivas que se asociarán a las activaciones que ya tenemos activas con el fin de hacerlas más complejas, puesto que todas al estar activas en simultáneo quedarán asociadas.

Esta teoría se sostiene sobre las leyes de la asociación de Aristóteles, concretamente la ley de la contigüidad. Esta ley nos dice que dos sucesos o estímulos que se dan al mismo tiempo quedan asociados. A nivel neuronal y cognitivo, cuando realizamos dos activaciones simultáneas ambas se conectan. Por este motivo, cuando el cliente tiene un conflicto activo, un foco localizado y una persona proyectada delante suyo, todas las cosas que esa persona le da son activaciones con sus respectivas redes neuronales que quedarán conectadas a las redes que ya hay activas, creando una red mucho mayor. Lo cual aumentará la complejidad de la persona y la capacitará para hacer frente al conflicto que no está pudiendo gestionar.

La mente generará el desafío, pero al mismo tiempo está de nuestra parte y nos hará llegar aquellos elementos que nos capacitarán para superarlo.

Esto quiere decir que cada cosa que nos dan nos hace más fuertes mentalmente y nos preparan para la catarsis. Por este motivo, descubriremos que a medida que nos dan cosas, los animales o las personas parece que se debilitan o se hacen más pequeños. Pero no es que ellos se hagan más débiles, sino que nosotros nos hacemos más fuertes mentalmente.

¿Que hacemos con aquello que nos dan? Podemos integrarlo, por ejemplo, pidiéndole a la persona que coja ese objeto, lo acerque a su cuerpo y deje que su cuerpo lo absorba hasta que desaparezca dentro suyo. Lo podemos usar, si ese objeto tiene un sentido funcional dentro del contexto en el que nos encontramos. O lo puede guardar en una bolsa imaginaria, en un bolsillo o dejarlo a un lado. El símbolo una vez ha aparecido ya ha cumplido con su misión, ahora lo importante es que no interrumpa el proceso que estamos haciendo.

Para cuando trabajemos con elementos que se encuentran fuera de nuestro cuerpo, la entrega de objetos es muy útil. Pero si los elementos se encuentran dentro de nuestro cuerpo o por algún motivo no nos dan nada podemos crear un elemento estándar como una caja o un baúl (fuera de nuestro cuerpo) que nos facilite los objetos que permitirán las activaciones necesarias para capacitarnos y seguir adelante.

Es tan sencillo como decir:

“Imagina que, en el suelo, justo delante de ti, aparece una caja. Ábrela y mira que objetos hay dentro.”

Le pediremos que uno a uno los vaya cogiendo y los vaya guardando, sin darles mayor importancia.

La mayoría de objetos que nos dan o que aparecen en las cajas, son “integradores”, esto quiere decir que solamente sirven para ayudarnos a aumentar nuestra complejidad, los podemos integrar o guardar y no tendremos ningún problema. Por el contrario, algunos elementos son “catalizadores”, esto quiere decir que tienen la misión de catalizar una emoción para que logremos seguir avanzando y aumentemos nuestra complejidad cognitiva. En cierto modo, su función es que resolvamos un foco secundario para liberarnos de ese peso y capacitarnos para el conflicto que realmente importa.

Ejemplos:

Integradores: Herramientas (martillo, destornillador…), comida (fruta, bocadillos…), ropa (gorras, camisetas, complementos…), objetos funcionales (lápices, libreta, libros, pelotas…), animales agradables y personas amigas o personas que suelen ayudarnos y con las que nos llevamos bien.

Catalizadores: Objetos punzantes (cactus, pincho, cristal, cuchillo…), elementos tóxicos (porquería, objetos sucios, productos nocivos…), animales agresivos (arañas, serpientes, perros agresivos…), personas malas, agresivas o con las que tenemos conflicto.

Los elementos integradores tienen la simple misión de aumentar la complejidad de nuestra cognición frente a la activación actual. Y los elementos catalizadores tienen un “guion” o “rol” específico que el elemento debe representar y solo cuando nos sometamos a él, el elemento se armonizará y podremos proseguir.

Conocer estos 2 tipos de elementos es importante para ser más ágiles con el proceso.

Para saber si un elemento es integrador o catalizador, haremos lo siguiente:

Si dentro de una caja hay una araña, le diremos al cliente que deje que la araña haga lo que quiera. Si esta no se mueve y no genera ninguna emoción negativa en el cliente significa que es integradora, si por el contrario le intenta atacar significa que es catalizadora (hay una emoción conflictiva que la araña quiere ayudarnos a expresar).

Siempre daremos la oportunidad al elemento de que se exprese. Si no lo hace, lo podemos integrar, guardar o dejar a un lado. Si por el contrario se expresa, dejaremos que lo haga aceptando su acción sin poner resistencia. Cuando haya terminado, entonces o se irá por sí mismo, o se integrará o desaparecerá.

Si vemos que el símbolo se expresa, pero es el cliente quién no acepta o no se somete a aquello que el símbolo quiere, el problema está en el cliente. Podemos hacer un poco de fuerza induciéndole a que lo haga y si vemos que se resiste podemos utilizar las frases armonizadoras.

Simplemente realizaremos la acción de decir frases armonizadoras.

¿Qué tipo de frases diremos?:

  • Te amo, lo siento, perdóname, gracias.
  • Te amo, te acepto, te perdono, soy feliz.
  • Te acepto, haz conmigo lo que quieras, me entrego a ti.

Las frases tienen que ser de amor, de aceptación, de sumisión, de entrega absoluta.

La mente asocia todos los estímulos que se dan al mismo tiempo. Por ello, realizamos activaciones de amor, entrega, sumisión… La mente busca la coherencia entre las activaciones previas y las nuevas activaciones, forzando un nuevo estado emocional y cambiando relativamente el carácter de las activaciones anteriores.

Esta dinámica de la MC funciona mediante el mismo mecanismo cognitivo que la Hipótesis del Feedback facial, la cual propone que nuestras emociones cambiarán para coincidir con nuestra expresión facial. Estas técnicas se basan en el Principio de la inhibición recíproca formulado por Joseph Wolpe, según el cual dos emociones contrapuestas no pueden presentarse al mismo tiempo. Más adelante Wolpe, desarrolló la dinámica de la desensibilización sistemática, que proponía imaginar situaciones temidas manteniendo un estado corporal incompatible con la ansiedad, como puede ser la relajación. Encontramos una gran similitud entre el Principio de la inhibición recíproca, y  la Ley de Sherrington, la cual afirma que, cuando se contrae un músculo como resultado de una acción nerviosa, los músculos antagonistas de aquél reciben una señal simultánea que los inhibe.

Para comprender este punto hemos de comprender que lo que hace la mente cuando decimos una frase es activar una serie de redes neuronales que se asociarán con las redes que ya hay activas por el conflicto. Como ambas partes se vincularán, se “creerá” que el conflicto está siendo procesado desde el nivel de conciencia de las frases que estamos repitiendo y en consecuencia se liberará automáticamente la tensión. Por poner un ejemplo, cuando pensamos en amor, se activa la red neuronal relacionada con el amor, con una extensión determinada y lo hace en bloque, es decir, se activa toda la red entera. Y cuando pensamos en tristeza se activa la red neuronal relacionada con la tristeza, con una extensión determinada y lo hace en bloque.

Imaginemos que, por el simple hecho de pensar en el amor, se activa esa red y por ejemplo 500.000 redes neuronales relacionados con la forma de amor que nos viene a la cabeza se activan creando una reacción nerviosa y endocrina en todo nuestro organismo que deriva en una imagen de amor.

Ahora imaginemos que, estamos en un ejercicio interactuando con una persona con la que tenemos conflicto y activamos las redes de: Amor, perdón, gratitud, felicidad…” Esta macroactivación cognitiva se asociará a las redes que se encuentran activas (las del conflicto). Nuestro organismo, al relacionar el conflicto con estas nuevas redes, se relajará, puesto que disociará el conflicto del peligro y esa información que no podíamos procesar se procesará fácilmente.

Así, repetiremos las frases mientras respiramos profundamente y observaremos las reacciones del elemento sometiéndonos a ellas, posiblemente descubriremos que poco a poco empieza a hacerse pequeño, a integrarse, a desaparecer o marcharse. Si no se marcha y sigue ahí no pasa nada, posiblemente el símbolo cambiará su conducta y el cliente responderá de un modo diferente frente a ella que nos ayudará a lograr la armonía entre ambos.

En el caso de que, bajo ninguna circunstancia el cliente pueda aceptar aquello que la representación mental hace o le propone, o ni siquiera puede aceptar a la representación en sí misma. Es la señal de que hay otra herida detrás de eso.

Lo que debemos hacer es armonizar esta tensión, localizando el foco. Dejaremos de centrarnos en la persona proyectada y nos concentraremos en aquello que el cliente está sintiendo. Le pediremos que describa lo que siente, que lo localice en su cuerpo, que le ponga forma y después dejaremos que esa forma se exprese hasta desaparecer aplicando en ella el Protocolo base.

Lo importante es que, si el cliente no puede aceptar lo que está pasando, bajo ninguna circunstancia, dejaremos eso en un segundo plano, buscaremos un foco de tensión y lo resolveremos. Luego volveremos a centrarnos en la persona proyectada y descubriremos que algo ha cambiado y que ahora el cliente sí que puede aceptar aquello que la persona le pide o quizás la persona cambia aquello que solicita por algo más sencillo.

Más adelante verás ejemplos sobre ello y con el Protocolo para las heridas emocionales este punto se entenderá muy facilmente.

En el siguiente cuadro se muestra esquemáticamente el Protocolo Base, para que sepas que hacer en cada momento:

En este ejercicio trabajamos un malestar relacionado con levantarse pronto y lo hacemos aplicando el Protocolo base sobre el foco de tensión.

En el siguiente ejercicio vamos localizar los focos de tensión a partir de un conflicto con una persona concreta y proyectamos a la persona delante del cliente con el objetivo de exponerle y aplicar el Protocolo base para que veaís cómo funciona.

 

8. Protocolo para heridas emocionales.

En la MC, todo conflicto debe ser identificado por un malestar, y este debe ser localizado en un lugar del cuerpo.

Hay personas que te hablan de una experiencia conflictiva y mientras te la cuentan ves que sienten malestar. Su cuerpo se tensa, su respiración se entrecorta… El conflicto se ha activado y con él la vía simpática. La emoción quiere salir, pero la persona no le deja.

Otras personas dicen no tener problemas importantes, pero si se les pregunta siempre sienten un malestar en algún lugar concreto de su cuerpo, ese malestar es el hilo del que tiraremos para encontrar la herida emocional.

Nuestra misión es saltarnos toda la palabrería y la argumentación, para conectar directamente con el malestar y desde ahí empezar a visualizar para que la mente pueda proyectar esos símbolos y metáforas que derivarán en una catarsis sanadora y en la asimilación de la experiencia conflictiva que origina el malestar.

8.3.1. Localización y descripción:

Una vez localizado el malestar en el cuerpo, dejaremos que el cliente nos lo describa, dándole forma. Puede ser una bola en el estómago, un pincho clavado en el corazón o la espalda, un nudo en la garganta… Siempre intentaremos que la descripción de aquello que el cliente siente nos lleve a un objeto concreto o a un bicho o animal dentro de su cuerpo, por ejemplo, puede decirnos que es como si tuviese un gusano en su estómago que se mueve o bichos en sus pulmones.

Cuanta mayor complejidad del elemento más fácil será el abordaje. Si vemos que el cliente prácticamente no puede describirlo le pediremos que nos diga de que color es esa sensación. Así mediante el color estaremos dándole una forma que, aunque poco concreta, nos servirá como punto de referencia.

En cualquier caso, el elemento que describe el foco SIEMPRE tiene que estar dentro del cuerpo del cliente. Si el elemento está afuera, es porque una parte del elemento está dentro del cliente. Por ejemplo, de un cuchillo clavado, sobresale una parte pero la otra está clavada. Si el elemento está totalmente afuera, hemos perdido el control del ejercicio ya que no tendremos punto de referencia asociado al foco de tensión.

8.3.2. Aplicación del Protocolo Base:

Una vez tengamos el elemento, induciremos a que éste se exprese.

Cuando le proponemos a la persona que permita que el símbolo se exprese pueden suceder 2 cosas:

  1. Se expresa: Permitiremos que se exprese hasta que termine de hacerlo.
  2. No se expresa: Induciremos a que lo haga, le propondremos que imagine que el elemento se mueve, cobra vida y quiere hacer algo… En el supuesto de que aún así el elemento (color, objeto o animal) no se exprese, lo mantendremos en el cuerpo como punto de referencia, pero lo dejaremos en un segundo plano, y le pediremos al cliente que imagine a una persona que conoce delante suyo.

8.3.3. Proyección:

Al pedirle que imagina a una persona que conoce delante suyo estaremos haciendo una proyección del conflicto en una persona, que por asociación nos ayudará a sanar el conflicto.

La frase que diremos para proyectarla es:

“Imagina que delante de ti aparece una persona que conoces.”

Automáticamente la forma de una nueva persona aparecerá delante suyo. Al activarse en simultaneo con el elemento que está dentro de su cuerpo, ambos quedarán asociados y el conflicto subyacente al elemento del cuerpo pasará también a la persona que acaba de aparecer y ésta tendrá el propósito de resolverlo.

Aquí aplicaremos el Protocolo base de nuevo sobre la persona proyectada:

  1. Dejaremos que la persona proyectada se exprese, si no lo hace capacitaremos al cliente diciéndole: “Imagina que esta persona te da un objeto”. Si la persona no reacciona, le propondremos que imagine una caja a su lado o delante de sus pies y que observe que objetos hay dentro. Uno a uno, los irá sacando, observando y guardando. Descubriremos que la persona proyectada ya reaccionará.
  2. Es posible que la persona proyectada esté enfadada, que llore, que grite, que le quiera abrazar, que le pida perdón, que le dé un regalo, que le tome de la mano, que le hable… Dejaremos que se exprese hasta que termine de hacerlo. Haremos que el cliente acepte cualquier reacción y se someta a ella. Si el cliente, al vivir esta experiencia siente alguna emoción, le daremos permiso para que la exprese, ya sea hablarle a esa persona, enfadarse, expresar un llanto… Cuando el cliente se haya desfogado, induciremos a que la persona proyectada siga expresándose. Debemos lograr una comunicación entre ambas, en la cuál la persona proyectada siempre gana. Si el cliente no se puede someter o aceptar lo que la otra le pide o lo que hace, le animaremos a que lo acepte, si no puede hacerlo diremos las frases armonizadoras y si aún así no puede buscaremos un nuevo foco de tensión en su cuerpo. Así dejaríamos el primer foco en  un 3er plano, la persona proyectada en 2º plano y nos concentraríamos en el malestar que siente que le impide aceptar eso, localizaríamos el foco y dejaríamos que este se exprese (aplicando el Protocolo base). Descubriremos que al liberar ese foco, la persona proyectada cambia su conducta y el cliente puede relacionarse con ella desde la aceptación. Cuando la persona proyectada termine “su función” se marchará o desaparecerá.
  3. Entonces es el momento de volver a revisar el primer foco y ver si ha cambiado algo. Quizás ya haya desaparecido o se haya hecho más pequeño. Intentaremos que se mueva, que cobre vida, que haga lo que tenga que hacer, se exprese y se marche (siempre sin hacer fuerza para que se vaya, dejando que sea él quien poco a poco empieza a desaparecer o a salir del cuerpo del cliente).

Siempre después de que hayamos armonizado la proyección, verificaremos el punto de referencia, el foco. Miraremos cómo está, si sigue ahí y si sigue igual.

Si sigue ahí, ya se mantenga en la misma forma o tamaño, proyectaremos a una nueva persona delante del cliente. Aplicaremos el protocolo base y cuando ya se haya marchado, volveremos a revisar el foco. Seguiremos así hasta que el foco haya desaparecido.

Una vez que el foco ya no está, siempre volvemos al malestar. Activamos de nuevo el conflicto diciéndole:

“Piensa de nuevo en el problema o en el conflicto X…,

¿Cómo lo sientes ahora? ¿Sientes que ha cambiado algo en relación a eso?”

Si siente el mismo malestar le pediremos que lo localice de nuevo y lo describa. Aunque parezca el mismo malestar posiblemente no sea igual y el elemento que aparecerá será distinto o estará en otro lugar. Intentaremos que se exprese y desaparezca y si no se expresa volveremos a realizar proyecciones de personas. Una tras otra, iremos verificando el foco. Cuando este haya desaparecido volveremos a activar el conflicto y revisaremos si hay malestar.

Seguiremos así hasta que el malestar haya desaparecido.

Un detalle interesante es que cuando se liberan los focos, la fase simpática termina y se activa la fase parasimpática y eso suele tener varios efectos, entre ellos: Lagrimeo, bostezo, relajación, sueño, risa…

Muchos másters de otros años sienten que cuando aparecen estas señales ya han terminado, pero no es así. Nuestro punto de referencia siempre serán los símbolos y no las respuestas corporales. Por ello, siempre rastrearemos los focos hasta que hayan desaparecido todos (posiblemente tras cada foco resuelto aparezcan señales de la vía parasimpática) y cuando hayamos terminado con los focos pasaremos a revisar el malestar, y seguiremos así hasta que el malestar deje de producir malestar.

En la Metaprogramación Cognitiva, la comunicación con el cliente es muy importante. Además de la visualización hay que dar tiempo a tener conversaciones y más al terminar un ejercicio.

Por ello, una vez que el malestar haya desaparecido, activaremos de nuevo ese conflicto y le pediremos que nos diga cual es su opinión ahora. Nos interesa ver su percepción, ahora limpia de dolor y con el conflicto asimilado. Posiblemente su manera de verlo sea muy distinta a cómo lo veía al principio de la sesión.

Además, el conflicto emocional posiblemente influía en que el cliente no tomaba las decisiones correctas en ese aspecto de su vida. Por lo tanto, le podemos hacer preguntas relacionadas con esa área para ayudarle a conectar con su nueva realidad y así empezar a hacerle pensar en decisiones o estrategias que sería positivo que se plantease.

Una crisis curativa es la expresión fisiológica del organismo al proceso de liberación emocional de un conflicto. Normalmente el conflicto está bloqueado en el cuerpo en forma de tensión y la tensión hace que el organismo retenga toxicidad. En el momento en que la persona aumenta su complejidad cognitiva, ya puede procesar el conflicto y la tensión sale, liberando la toxicidad. Por ello, es posible que una persona después de una sesión tenga sueño, su mente necesita dormir para procesar toda la información sanada. Es posible que sienta cansancio, que su cuerpo libere toxicidad en forma de mucosidad, yendo al baño o depurando el hígado y riñón. En cualquier caso, este proceso será muy positivo para el cliente y su duración será corta.

Hay que tener en cuenta que cuanto más elaborado sea el proceso, más fácil será para el cliente la asimilación y menor será la crisis curativa.

Interactuando con las representaciones mentales se modifica la estructura cognitiva e indirectamente la estructura neuronal, con lo cual la persona es transformada tanto mental como físicamente. La experiencia conflictiva no podía ser procesada correctamente y por ello seguía activa internamente produciendo estrés, malestar y un gasto de energía. Ahora la persona ha reprogramado esa experiencia, el malestar ha sido liberado, la experiencia ha sido asimilada y el cuerpo recupera el orden natural pudiendo concentrarse de nuevo en el presente y utilizando lo aprendido en la experiencia conflictiva para mejorar su capacidad a la hora de avanzar en su vida.

Las observaciones después de las dinámicas de la MC muestran que las personas vuelven a sentirse bien, vuelven a sentirse relajadas, el malestar desaparece, el miedo desaparece y pueden recuperar las formas de vida que les hacen felices. Además, su percepción de lo sucedido cambia, toman mucha más conciencia sobre ello, son capaces de recordar detalles que antes de los ejercicios no recordaban y pueden tomar decisiones mucho más efectivas para afrontar situaciones similares a las del conflicto.

Disculpad, cuando hablo de focos principales me refiero a focos primarios.

El protocolo es siempre empezar por los secundarios y de entre estos siempre por los calientes y más débiles o pequeños. Después seguir con los secundarios fríos y más fuertes.

Tras cada foco resuelto es importante revisar TODOS los focos, a grandes rasgos y sin detenernos mucho tiempo en cada uno, pero revisarlos todos para ver si alguno ha cambiado de algún modo. Descubriremos que a medida que vamos resolviendo los secundarios los primarios se van tensando y calentando, el motivo es que no pueden liberar tensión mediante los secundario y así empiezan a cargarse.

Por este motivo resolveremos todo el sistema en una única sesión, ya que el malestar de acumular toda la tensión de un sistema de 7, 10 o 12 focos, tan solo en 1, 2 o 3 focos, provocaría mucho malestar, incluso dolor y podría dañar los tejidos de esas áreas.

A continuación, os dejamos el ejercicio completo con Débora:


Anexo 1.

Cuando sentimos un cansancio, malestar o dolor, y no deriva de una lesión como un golpe o de una indigestión por algo que hemos comido… O de cualquier acto que lo produzca directamente. Hay que revisar si estamos pasando por un momento de estrés o por algún momento difícil emocionalmente. Si es así, hay que hacer el protocolo de las heridas emocionales para que el malestar se libere y así recuperemos el equilibrio.

¿Pero que sucede si bloqueamos el síntoma del foco? ¿Por ejemplo, una inflamación con un ibuprofeno, una reacción alérgica con un antihistamínico o un dolor mediante un analgésico? Estamos interrumpiendo la liberación de tensión, y en consecuencia ayudando a que la enfermedad prolifere, ya que el resto de focos secundarios se sobrecargarán y es posible que los primarios empiecen a perder el control y liberen demasiada tensión. Evidentemente no somos conscientes de que esa expresión sintomática, es una forma de expresión emocional que está liberando la tensión del sistema de focos. Si saturamos el sistema, este colapsa derivando en tanta tensión en los focos secundarios que no pueden liberar más tensión y esta termina por inundar los focos primarios elevando su temperatura de nuevo.

Por todo esto, la visión de la MC es que debemos tomar medicación para contrarrestar los síntomas de nuestras enfermedades y dolencias, pero no al primer signo de un malestar. Así, dejamos que el malestar se libere, que el cuerpo suelte dolor y cuando vemos que realmente ya es necesario, entonces tomar la medicación. Unas décimas de fiebre no son negativas para el cuerpo, ayudan a matar bacterias y virus al elevar la temperatura corporal y si en ese momento tomamos un paracetamol la fiebre baja y no actúa contra la infección, derivando en una proliferación de la misma. Lo que hará que en paralelo tengamos que tomar antibióticos para acabar con algo que quizás podría haber resuelto nuestro propio cuerpo. Los medicamentos para bajar la fiebre son para cuando la fiebre está descontrolada y puede llegar hasta a ser peligrosa, los medicamentos para el dolor son para cuando el dolor sobrepasa nuestra capacidad para soportarlo, los antibióticos son para cuando nuestro cuerpo no puede hacer frente a la infección por sus propios medios.

Esta es la opinión, de la MC. Siempre atendiendo en primer lugar a las recomendaciones de los profesionales de la salud.

¿Es posible que una persona, a la que nunca le ha pasado nada grave y que come mas o menos bien, desarrolle una enfermedad grave? Sí.

El motivo es que igual de malo es un conflicto grave, que muchos conflictos muy pequeños de los cuales no se expresa la tensión. Hay personas que, sin vivir nada grave, reprimen constantemente sus emociones, éstas al no ser procesadas naturalmente, generarán sistemas de focos y finalmente el cuerpo se encontrará contracturado, bloqueado, con problemas de circulación derivados de toda esta tensión, falta de oxigenación, acidificación… Y todo esto, influirá en que el desorden interno sea cada vez mayor. Cuanto mayor es el desorden más difícil es poner orden. Podemos imaginar lo difícil que es para una ciudad hacer frente a un tornado, los destrozos que puede generar son enormes. Un tornado sería el símil de un trauma emocional. Pero imaginemos el daño que puede hacer una crisis silenciosa que poco a poco va desestabilizando una ciudad hasta el punto en el que al final colapsa y quiebra. No ha sido de repente, nadie lo veía venir, pero el resultado ha sido igual de demoledor o peor que el del tornado. Este es el caso del colapso multisistémico.

Por ello, hay que trabajar el conflicto sistémico puntualmente con activaciones generales (sin especificar nada), para ver cuanta tensión hay en el organismo de la persona en un estado “normal”.

La MC en sí misma no cura la enfermedad. Lo que hace es abordar la falta de complejidad cognitiva que impide procesar las experiencias emocionales reprimidas que acumulan tensión, con el objetivo de resolver el conflicto raíz que facilita el desorden y malestar que a la larga permite la proliferación de la enfermedad somática.

Por ello, ante la duda o ante cualquier cosa extraña que nos llame la atención, derivaremos al cliente a su médico y complementariamente le ayudaremos a liberar las cargas emocionales que puedan estar alimentando la enfermedad y potenciaremos que la persona adquiera la capacidad de gestionar los conflictos que actualmente le debilitan.

Ejemplos de ello, han sido casos de focos fríos (verdes principalmente) en las mamas o en la zona genital de las mujeres, los cuales han ayudado a detectar quistes en una fase temprana. Otro caso han sido focos grises en forma de piedra en los costados, concretamente en las zonas del hígado y de la vesícula. Los que han permitido detectar piedras en la vesícula y en el hígado.

Nosotros en la sesión realizamos el abordaje normal, siguiendo los protocolos. Y aunque el conflicto desaparezca, si ha habido un foco frío en las mamas, zona genital o en hígado, vesícula, páncreas… Le recomendamos al cliente que visite a su médico para hacerse una revisión y comprobar que todo está bien.

Hemos de tener en cuenta que en las únicas enfermedades en las que la MC puede intervenir, y nunca en exclusividad sino siempre complementando un proceso médico. es en las que tienen un origen disociativo. Es decir, derivan de un conflicto traumático.

Cualquier enfermedad derivada de un virus, una lesión estructural, una infección… No tendrán un origen emocional. Puede haber conflictos emocionales que hayan influido en que se realice la lesión, en que se inicie la infección, en que se bajen las defensas y suceda el contagio del virus… Pero una vez iniciado el proceso sintomático, la MC no influye más que en reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y la gestión de la enfermedad.

Normalmente las enfermedades disociativas son bifásicas, es decir, las que tienen una fase fría y una fase caliente, como el cáncer, las enfermedades reumatoides, las inflamaciones y dolores contractivos, la fibromialgia, la fatiga crónica, las migrañas, las alergias, el asma… Y además todas las neurosis que no deriven de una lesión estructural. En caso de enfermedades graves como el cáncer o las neurosis, el metaprogramador no podrá intervenir si no es con la autorización del profesional médico que esté realizando el tratamiento. Por nuestra parte, la MC es un método de reciente creación y por ello aún no se han podido hacer las investigaciones pertinentes y cualquier abordaje frente a una enfermedad será siempre de forma experimental y realizado con el conocimiento y consentimiento del cliente.

Según la legislación española el abordaje de cualquier enfermedad psicológica o desorden clínico solo lo podrán realizar psicólogos clínicos, psiquiatras o profesionales de la salud con formación para ello. En este caso, si el alumno no tiene esta formación no podrá realizar estos abordajes en pacientes si no es con la autorización del profesional médico y como complemento al tratamiento clínico.

La MC puede ser complementada por:

  • Profesionales de la medicina y psiquiatras.
  • Fisioterapeutas y osteópatas.
  • Dietistas y nutricionistas.
  • Médicos chinos y ayurvédicos.
  • Naturópatas.
  • Ejercicios de yoga y pilates.
  • Entrenamientos de fitness.
  • Coach personales.

En relación, al coaching es necesario trabajar de forma sincronizada en los mismos objetivos con el coach.

La MC no se puede combinar con métodos psicoterapéuticos de la psicología convencional, como la terapia cognitivo-conductual, la terapia breve estratégica, Gestalt, PNL, EMDR… A no ser que sea el mismo profesional de la MC el que realiza estas técnicas. Del mismo modo que la MC tampoco puede ser combinada con ninguna terapia de las denominadas alternativas o energéticas. El primer motivo es que no se han investigado las otras terapias desde el prisma de la MC y en consecuencia se desconoce tanto su fiabilidad como su efectividad o la problemática de la interferencia. El segundo motivo es que cada profesional plantearía el proceso según su propia estrategia, no se abordarían los mismos conflictos a partir de las mismas activaciones cognitivas y en consecuencia se realizarían activaciones cognitivas paralelas y ambas se influirían unas a otras, impidiendo que ninguna de ellas pudiera realizar la acomodación o la crisis curativa correspondiente. El tercer y último motivo es que no es necesario, la MC por si sola facilita la resolución de los conflictos en tiempos menores que la mayoría de terapias, previamente nombradas. Por este motivo, realizar una complementación carecía de sentido.

Presentación (19. 9. 20):

Supervisión de casos (11. 10. 20):

Próxima sesión presencial del Módulo 1:

Fecha: 17 de Octubre de 2020.   Horario: Sábado de 16h a 20h.

Lugar: Zoom – (ID: 830 7929 0371) – https://us02web.zoom.us/j/83079290371

Preguntas:

El viernes de cada semana publicaremos aquí abajo las respuestas a todas las preguntas que nos habéis mandado. Si no respondemos alguna en concreto es porque se responde en el propio contenido de la formación o porque la resolveremos el próximo sábado en la clase grupal.

Preguntas y respuestas:

No, nos referimos a la complejidad cómo cualidad de un sistema que está formado por subsistemas interconectados. Este término es súper antiguo y se usa en un montón de disciplinas. De entre ellas, la Gestalt que lo aplicó al pensamiento con la frase del “Todo es mayor que la suma de sus partes”.

En wikipedia hay una presentación del concepto muy completa.

Cada símbolo es una activación en paralelo a otras activaciones, el mecanismo es el mismo de la “capacitación”. Cuando la persona proyectada nos entrega cosas o cuando imaginamos una caja en el suelo y dejamos que aparezcan objetos.

En esos ejercicios, la mente elije los objetos adecuados que la persona proyectada, o la caja, tienen que darte para realizar la activación con el nivel de complejidad adecuada para ayudarte a superar el conflicto.

En el ejercicio de la pelota, los números y la llave, sucede lo mismo. La pelota es un símbolo de “juego” lo que está asociado a redes de diversión, los números son símbolos complejos por la cantidad de conexiones que tienen y la llave es un símbolo de “acceso”, “permiso”, “libertad”, que le proporciona a la persona una activación relacionada con ello. Cuando toda esa información se vincula a la activación conflictiva, automáticamente la complejidad de la persona supera la complejidad del conflicto y el conflicto deja de ser un conflicto.

Es cómo una ecuación con 5 paquetes de datos basados en símbolos diferentes y con libertad para que la mente elija aquellas formas y números que más le convenga para conseguir la activación precisa que derivará en la complejidad necesaria para que la persona supere el conflicto.

Igualmente este ejercicio no es de los básicos de la MC, es complementario y no sigue completamente las reglas de los ejercicios que veremos en el Máster que son muchio más lineales.

No, porque hay una respuesta incondicionada y “más animal” que ha sido reprimida. Es como cuando siempre discutes con la misma persona y un día elijes no discutir, hay que hacer una contracción corporal para reprimir la respuesta habitual. Esa contracción es represión, y si luego no haces conscientemente el proceso de darte permiso para “soltar” eso que has contenido, ya sea llorando, gritando o solo relajándote… Esa tensión queda dentro y la experiencia bloqueada sin poder asimilarse completamente.

En el siguiente módulo aprenderemos un ejercicio para rastrear conflictos del pasado que están conectados y así tirar hacia atrás hasta encontrar el conflicto original. En todos los casos el conflicto original resulta tener un origen muy concreto y claro en esta vida.

Además se identifica claramente puesto que cuando se resuelve, el conflicto y todos sus reflejos se desarticulan en bloque.

Hemos realizado pruebas con regresiones y tenemos una hipótesis al respecto, en el próximo módulo lo comentaremos.

A veces, aparecen colores blanco, negros, grises… Sabemos que el blanco es una mezcla de todos los colores y que el negro es ausencia de luz. Pero al trabajar con interpretaciones mentales de los colores y no sobre colores interpretados a partir de estímulos externos percibidos, no tendremos en cuenta la “teoría del color”. Frente a estos colores siempre le preguntaremos al cliente si siente que fríos o calientes. Nos ceñiremos siempre sobre su propia sensación y trabajaremos normalmente con el color siguiendo los mismos protocolos.

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